viernes, 5 de diciembre de 2008

SOLO UNA MUJER SABE LO QUE ES...


Pasarse la vida entera luchando contra su propio cabello.
Comprarse una blusa que no combina con nada, pero que por el precio ¡estaba irresistible!
Saber de memoria quién se casó, quién se separó y quién dejó la carrera.
Tener una cartera que parece el neceser de la abuela del 007, de tantas cosas acumuladas e increíbles que existen dentro de ella.
Hablar de intimidades que los hombres ni siquiera se imaginan.
Ser tratada como una idiota por los mecánicos de un taller.
Fingir naturalidad durante un examen ginecológico.
Llorar a moco tendido cuando el padre del Rey León muere, dejando el cachorrito huérfano.
El poder de unos jeans, o de un body de lycra, para sostener la estructura del cuerpo.
Tener crisis conyugales, crisis existenciales, crisis de identidad, ¡crisis de nervios!
Ser madre soltera, madre casada, madre separada y... madre del marido.
Ver un partido de fútbol (sólo para hacerle compañía al novio).
Lavar el panti en la ducha. Y después colgarlo en el toallero (para horror del sexo masculino).
Comerse una caja entera de bombones porque se peleó con su novio, pasarla mal, y todavía quedar destruida porque se salió de la dieta.
Escuchar que... "mujer al volante es un peligro constante."
Depilarse las piernas cada 15 días, ¡con cera!
Lo que se siente rasgarse las medias en la entrada de una fiesta.
Sentirse lista para conquistar el mundo, cuando se está usando un lápiz labial nuevo.
Sentirse realmente infeliz, porque no se tiene una ropa linda para salir (aunque tenga el armario repleto!).
Llorar en el baño, mirándose al espejo para ver cuál es el mejor ángulo.
Descubrir que su relación y el mundo se acabaron... y después descubrir que no era nada más que síndrome premenstrual.

Colocarse una faja apretada para disimular la panza.
Bailar, cantar y caminar en el séptimo cielo... sólo porque "él" llamó o escribió. (ES TOTALMENTE CIERTO, QUÉ TIERNO).
Pelearse, sólo para hacer después las paces.
Decir no, para que él insista bastante, y después decir... ¡sí!
Quedarse esperando al marido en la cama, cuando él está leyendo su página deportiva...
Sonreír gentilmente a un cliente mientras un cólico loco le aprieta como una bazoca.
El milagroso poder curativo de... un beso..., un gesto..., y una palabra dulce.
Ser santa, filósofa, maestra, médico, psicóloga, redentora, administradora, cocinera, encargada de mantenimiento, organizadora, árbitro... y, encima, ¡pulpo!, antes de empezar a pensar en ella misma.
Llorar, extasiada de felicidad, y... reír, colmada de furia.
En fin, sólo una mujer sabe lo que es... ¡¡¡ser mujer!!!
¡ Las Mujeres somos maravillosas!


Autor desconocido


AMAR


Uno no se da cuenta, a veces, de lo acertada que fue la elección de los tres verbos básicos del idioma castellano. Parecen verbos insignificantes, casi sin trascendencia. Un chico conjuga el verbo amar en su cuaderno, pero no sabe lo que es el Amor, todavía. Una profesora dicta el pretérito pluscuamperfecto del verbo temer, y no se da cuenta del temor que siente.

¿Y quién no ha partido alguna vez?


"Te amo; pero tengo miedo, mejor dejémonos de ver." ¿Cuántas veces los hombres se han dicho estas palabras? Uno utiliza todo tipo de artilugios para deshacerse del temor que provoca el Amor. Y parte.


Es bueno al fin encontrarse con seres que no cuestionen el temor al Amor, sino que lo sientan. Y no partan, sino que se enfrenten al temor. Porque en realidad no se teme al Amor, sino a la falta de Amor. Se teme al final del Amor. Pero por las dudas, no se empieza.


Esos hábiles intrépidos sedientos de vida, no se paran a pensar en mañana. Mañana es un día que tiene muy poca importancia. Mañana no es ni la milésima parte de lo importante que es hoy. Hoy estamos acá, mañana tal vez dejemos este cuerpo, y entonces no importará lo que hagamos, sólo importa lo que hacemos hoy. Y hoy es posible amarnos.


El Amor es fluir constante, nunca se detiene, nunca se desvía, porque lo abarca todo. El Amor no se preocupa del mañana, porque existe hoy. Tampoco se preocupa del ayer, porque el ayer está tan lejos como el mañana. Salvo para recordar lo aprendido, el ayer debe ser rápidamente descartado. Los temerosos viven meditando acerca de ayer y mañana. No se dan cuenta de que esa es la mejor manera de no vivir.


Hoy, acá, ahora. Eso es lo que importa. Amar hoy, temer hoy, partir hoy. Eso debería preocuparnos. Si hoy es hora de amar, amémonos. Si es hora de temer, temamos. Si es hora de partir, partamos. Pero hoy. Ni ayer, ni mañana. Y hablar de frente. Decir lo que se siente, cuando se lo siente, no unos días o semanas o años después.


"Te quiero mucho." Hoy, ahora, acá. "Me encantaría conocerte y que estemos juntos." Hoy, acá, ahora. "Me gustaría ser algo importante en tu vida." Ahora, hoy, acá. "Vivamos este momento que es nuestro."


Si tan sólo los hombres pudieran hablar así. Si pudiéramos decirnos unos a otros lo que sentimos y disfrutarlo en ese momento a pleno, yo creo que la vida sería perfecta. A pleno significa eso, simplemente. Si estamos hoy con alguien, estamos completamente con esa persona. Todo lo nuestro es accesible a esa persona. Eso es vivir el momento, eso es Amar.


Mirarse a los ojos y saber lo que pasa. Parece difícil, pero sólo cuando se ha dejado de lado la posibilidad de hoy. La vida está hecha de momentos (y recuerdos). Procurar vivir esos momentos con intención (intensidad) es lo único que vale realmente la pena. Amar hoy, sin pensar en mañana, es la mejor forma de deshacerse del temor y del partir.


Natalia Olive